martes, febrero 19, 2008

Volver a ser lo que fuimos


Unas pequeñas hojas verdes se hacían ver a la superficie mientras los rayos del sol hacían brillar sus incipientes tallos. Allí en aquel lugar no había nada, sólo un ambiente triste de desolación, las ruinas de una ciudad que en su tiempo fue grande.



¿Que gran civilización acogería estas tierras? ¿Por qué fue destruida sin aviso?

En ocasiones la intolerancia es capaz de las cosas más tristes y sin sentido que el ser humano llega a ser capaz de hacer. Destruir por destruir y hacer daño por el simple hecho de hacerlo, provocar el mal ajeno, ya sea por envidia, una venganza que no cesa o rabia ante la impotencia propia.

Queridos amigos, camaradas, compañeros míos, yo os digo, que entre esta antigua ciudad de ruinas aún humeantes de nostalgia y talento, volveremos a reconstruir, volveremos a recuperar y volveremos a crear.

Establezcamos aquí una nueva ciudad que ilumine nuestra estirpe que lejos de acabar volverá a brillar con luz propia. El pasado nos pertenece y el futuro será nuestro.

¡Ánimo, busquemos entre estas piedras de sabiduría y mostremos al mundo lo que fuimos antes!

2 comentarios:

Raqueluchi dijo...

Aquí está la primera piedra. Espero que sean muchas más. Un beso Emilio.

Anónimo dijo...

En ocasiones ni la intolerancia, ni la envidia, ni la venganza, ni la rabia, ni el placer por provocar el daño ajeno son las causas de los desastres. Es más frecuente de lo que se cree que el azar y los errores incomprensibles informáticos, como en este caso quizá, sean el motivo de que se derrumbe una ciudad.
Dicho esto vuelve a su celda un inocente.